La vía Augusta
Corre el año 24 a.c. y César Augusto, el primer emperador romano, está instalado en Tarraco, la actual Tarragona. Sufre retortijones y su galopante hipocondría le lleva a ordenar a su médico personal, Pompeu, que venga desde Roma y le vigile de cerca. El galeno y su clan -los Escipió- perderán sus posesiones y esclavos a manos de unos ladrones durante el viaje. En Tarraco deben empezar de cero y amoldarse a sus recién comprados sirvientes: un lote de ocho belicosos íberos.